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viernes, 24 de junio de 2011

Control a escondidas


Poco a poco, el miedo va creciendo y haciéndose más fuerte. Es como una bomba que ha explotado. La onda expansiva está apunto de alcanzarme, queda muy poco para que el mismo impacto me parta en dos.
Todos ellos son como cuervos, aves de oscuras plumas e intenciones poco claras. Y el peor de todos, poco comunicador, poco fiable, poco digno; el mismo diablo que me ha nublado el entendimiento... desde la distancia, sigue controlando al rebaño.
Controla sin preguntar, averigua sin abrir los labios, observa sin estar cerca, amenaza sin alzar la mano. Todos, en cuanto le ven venir, me observan tímidamente y esconden la cabeza. Como si yo fuera algo todavía suyo, como si su mirada me controlase, como si sus palabras advirtieran al mismísimo Satanás ella es mía.

Como una incrédula, sigo escuchando asombrada sus amenazas, sus insinuaciones hacia los demás, sus avisos...

Y me pregunto si seguirá actuando así: si seguirá apartando a la gente, si los seguirá dividiendo y si el rebaño lo aceptará sin luchar u optar por tomar una determinación bien clara.
Mientras, yo, sigo buscando los pedazos de mi poca alma, de mi bruma perdida, de mi esencia extinguida; a la espera de tornar a ser ese diablo que clama al cielo, ese diablo de hielo: esa niebla, ese fantasma, esa ilusión que nadie ve y ese caos que nadie controla.

-Tal vez debería volver a ser una apática, tampoco es tan malo.
-No.
-¿Cómo?
-No, no te dejaré.

De repente sientes esas miradas que a los demás les parecen huecas y sin sentido, pero en un momento a ti te transmiten más que al mundo entero. Son esos ojos que te observan con determinación, con ansiedad y con la sorpresa de pensar "ah, eres como yo".
Sin embargo, a punto de caer de nuevo en las viejas y frías costumbres, te das cuenta de que no quieres oír nada, de que otra alma del mismo calibre quebrado intenta acercarse de ti deseando, contra todo pronóstico; debatirse entre salvarte como una doncella en apuros u obedecer; temeroso por el castigo que puede infligirle el lobo.

A escondidas, desde la lejanía, sin que yo lo vea... atemoriza a todo aquél que intente acercarse a mí; a la vez que intenta por cualquier método atacarme, herirme, hundirme.
...
Pero, entre las sombras, otro lobo espera paciente. Se centra en recuperar fuerzas para atacar, para demostrar quién de estos pobres diablos es el más fuerte, el más poderoso.

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